La Belleza del Mundo
Escritura en el Diario Nº 751
Así que, como yo vivía en el sur y con tan solo nueve (9) años no puedo viajar sola, por lo tanto le pedí a mi abuela que me llevara a la casa de su hermana en el norte donde podría conocer todo lo que en sur no vería jamás. Mi abuela como es tan buena con migo me dijo que sí.
Esa misma noche me puse a preparar mi maleta para llevar a la casa de mi tía abuela Lucia. Mi abuela me dijo que quedaría allí por lo menos un mes para que pudiera estudiar y aprender todo sobre la zona septentrional de mi país. Por tal razón mi valija era enorme. Aunque lo más importante que había guardado en mi equipaje era un viejo cuaderno y un lápiz. Ese borrador era donde yo escribía y escribo todos mis descubrimientos, más o menos, como un diario de campo. En esa libreta yo anotaría todo lo aprendiera en aquel lugar.
Y como mi abuela no tenía auto, porque no se movía mucho por la ciudad, decidimos ir en tren hasta el domicilio de mi tía. Excelente para mí porque había muchísimos paisajes hermosos mientras pasábamos por las sierras. Yo, por supuesto lo iba anotando. Tenía miles de dudas, pero nadie me las podía contestar porque mi abuelita durmió todo el camino. Cada vez se sentía que la temperatura subía más y más. El tren tenía un termómetro en una de las puertas. Por allí yo me fijaba a que temperatura estábamos y a medida de que tiempo se elevaba. Pasamos en un minuto de estar de tres (3) grado bajo cero (0) a quince grados (15) coma treinta y ocho (38).
El tramo era muy largo y cansador. Aunque habíamos salido de la estación a las 7:30 terminamos llegando a las 14:23. Mi tía, según mi abuela era muy puntual, y era cierto, es más ella nos estuvo esperando en la parada desde las 7:30. Mi tía cargó mi valija en su coche y entre tanto me despedía de mi abuela, ella me decía que tendríamos unas jornadas fantástica.
En el anochecer de ese día comimos y nos fuimos a dormir. Lo interesante pasó a la mañana siguiente.
Al amanecer me desperté y Lucia me dijo que iríamos atrapar nuestro desayuno. Yo no entendía que quiso decir con eso pero la acompañé. Resultaba que mi tía era granjera y tenía varios animales. Me llevo hasta el corral de las gallinas. Allí me dijo que quien capturara a alguna gallina primero ganaría y empezó a correr, yo le seguí la corriente, porque el juego me terminó gustando. Y gané Cuando atrapé a la gallina mi tía me dijo que la trajera a la casa. Cuando la lleve, preparo una sartén para cocinarla. Yo no quería, pues ya me había encariñado con el animal. Y mi tía acepto regalármela con la condición que la entrenara para que pusiera huevos y pudiéramos comer huevos frescos cada mañana. Yo accedí.
Después de eso todo fue sensacional. Yo crie a la gallina a quien llame Pichonita porque la había conocido de bebe en la casa de mi abuela. Le enseñe a portarse bien y a poner huevos todas las mañanas. Y lo mejor es que acompañaba a todas mis aventuras por el campo. Y yo iba escribiendo lo que me pasaba.
Los días pasaron más rápido de lo que yo creí.
Era la tarde del 24 de febrero y faltaban cuatro (4) días para que comenzara las clases. Esa noche mi mama me llamo, y me dijo que como faltaba tan poco me pasaría a buscar a la mañana siguiente y que estuviese lista. Muy triste por tener que retornar, me fui a mi habitación a preparar mi maleta. Con todo lo que había aprendido allí me volverían a mandar al sur, donde siempre hace frio y nunca se ve ningún animal que no fueran pingüinos, lobos marinos, ballenas o focas. Lo único que me alegraba era que tendría a Pichonita de recuerdo… Pero no fue así.
Cuando me levante de la cama, escuchaba unas voces que murmuraban todo el tiempo… Eran mi mama y mi tía. Cuando baje las escaleras para saludar me di con que ya estaba todo listo para irme y volver a dejar a mi tía Lucia sola. Mi mama me dijo que nos estábamos yendo. Yo le dije que me llevaría a Pichonita conmigo y me lo prohibió porque había riesgo de que con la helada del sur, Pichonita muriera. Yo estaba muy triste. Y lamentándome por haberme encariñado de esa hermosa gallina de plumitas blancas y doradas, me fui.
Mi tía quedo sola en medio de campo de nuevo y como siempre. Cuando ella subió a ordenar un poco mas mi ex cuarto se dio con que me había olvidado mi diario de campo. Ella sabía lo importante que era para mí, así que rápidamente se subió a su coche con mi diario y Pichonita. Y rápidamente se dirigió al aeropuerto, donde yo estaba yendo en un taxi.
Fin